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Con la tecnología de Blogger.
La primera vez que lo vi estaba trabajando. Mire y estaba ahí parado. Pregunte si necesitaba algo, a lo que mi compañera entre risa y asombro, me dijo que no había nadie, que estaba loca.
Yo lo vi, se que estaba ahí. Vestido de azul, alto y lánguido. No sentí miedo. Desde ese día lo vi casi a diario y lo contaba con total naturalidad.
Su presencia me transmitía paz. No era un fantasma ni un espíritu. Era mi compañero, sentía que me cuidaba.
En ese entonces vivíamos en una vieja casona, grande y algo deslucida. Éramos 7 los que convivíamos allí. Amigos, compañeros, una familia alternativa. Así me gustaba definirnos.
En principio nadie más que yo veía ese misterioso señor que parecía se había sumado a mi vida. Pero poco a poco todos tuvieron que reconocer que lo veían. Hasta el más escéptico no tardo en contar su experiencia. Finalmente era un integrante más de la familia. Tanto es así que decidí bautizarlo “Juan” y así lo llamábamos todos.
Pero para mí había algo más. Por que me había elegido? Que quería de mi?
Empecé a hacerme muchas preguntas. No podía dejar de pensar en el.
Un lunes en que no había nadie en casa aproveche para limpiar la galería. Termine de baldear y comencé a cepillar el parque de la entrada. Me obsesioné con una mancha que no pude sacar con nada. Y juro que probé de todo. Ya cansada di por terminada la tarea y me senté en la puerta a fumar.
De pronto todo comenzó a tener sentido. La mancha era sangre, sangre sobre el parqué.
Rápidamente me incorpore y agarre el teléfono. Nunca me había dado cuenta de mis dotes de detective. Averigüé y arme rápidamente la historia
La vieja casona no había sido, ni más ni menos, que un prostíbulo. Hacía unos 25 años. Juan se llamaba Juan y frecuentaba el lugar. Hasta que cometió el imperdonable error de enamorarse de una de las chicas que trabajaba ahí. Se enamoro tanto que quiso sacarla de esa vida pero ella no quiso, no pudo.
Un día fue a buscarla, estaba borracho. Llego y la vio con un cliente. Se desespero, saco un arma y le apunto pero no pudo disparar. Forcejearon y ella intentando quitarle el arma, le disparo. El tiro fue certero y Juan murió en el acto.
De ella nunca más se supo nada, dicen algunos lugareños que se suicido años después.
No es que tenga en claro para que me busco, pero entiendo por que me eligio.
Esa noche renuncie a mi trabajo. Decidí dejar la prostitución.
Juan, finalmente lo logro.
Amadeo, a sus 47 años; vivía obsesionado con su moribunda juventud y además "le falta un par de jugadores" como suelen decir sus amigos. Después de aquel episodio, en el que cumplió su loca y sangrienta fantasía, había pasado varios años en un penal de máxima seguridad. Pero gracias a una falla procesal gozaba de un régimen de arresto domiciliario “blando” y llevaba una vida cuasi normal. Así que trabajaba, y estudiaba pero obligatoriamente dormía en su hogar.
En el Instituto de Gastronomía al que había empezado a asistir para ser “Auxiliar de Cocina” desentonaba un poquito por la edad, pero enseguida demostró tener dotes culinarias y además una gran destreza en el manejo de cuchillas y otros elementos cortantes de acero tan comunes en la cocina. Además sus brazos torneados y con tatuajes no pasaron desapercibidos a las chicas del grupo y su porte seguro lo convirtieron en un líder natural de los pocos muchachos que iban clase. Pero a pesar de su encanto no se había emparejado con nadie en el Instituto y no se le conocía vida amorosa, a pesar de que siempre invitaba a cenar a todos y jugaban a los chef en su cocina.
“Su cocina” es una forma de decir. El departamento de 4 amplios ambientes en los que vivía era propiedad de un antiguo compañero de celda a quien le estaba cobrando unos “favores”, pero era acorde a sus gustos e intenciones. Con un mobiliario ecléctico y bien provisto era un lugar ameno que invitaba a quedarse siempre un rato más. La única dificultad estaba dada por la obra en construcción lindera con sus ruidos fuertes, constantes y molestos producidos durante gran parte del día. Así que el que las geniales y divertidas reuniones fueran por la noche era lo corriente.
A pesar de eso a Melixa, la exuberante morocha de Costa Rica y a Mássimo el galán italiano no les sorprendió que fueran invitados a almorzar al departamento de Amadeo aquel jueves de septiembre a las 13:00 horas. Estaban entusiasmados por ver una de las genialidades culinarias prometidas, ya hacía un tiempo, por Amadeo y les daba igual que fuera al mediodía o al anochecer.
Llegaron ansiosos y sonrientes. Amadeo les abrió la puerta enfundado en su ambo cruzado blanco, con los botones prendidos y un gorro haciendo juego. Sobre el traje de cocinero un delantal de hule transparente, guantes quirúrgicos en sus manos y haciendo juego unas elegantes botas de goma blancas de caña corta… “Estaba lavando los pisos y me olvidé de cambiármelas” fue la respuesta a la mirada inquisitiva y divertida dirigida a sus pies.
Al entrar notaron las cortinas cerradas y todos los muebles y pisos cubiertos con grandes sábanas de plástico blanco“. Es por el polvillo que viene de la obra” dijo Amadeo abarcando con un gesto amplio de su brazo todo el living… ¿Quieren pasar a la cocina? Hoy tengo un menú especial…
Melixa y Mássimo no esperaron a que se lo repitieran y entraron casi corriendo y a los saltitos, como niños, a la amplia cocina. También aquí las alacenas, y el piso estaban cubiertos con nylon blanco. Solo estaba desnudo el anafe, donde había una gran olla a presión de 18 litros, el horno de pared, encendido a 300 F, la mesada de 2,50 metros y la mesa de preparaciones.
Había en el aire un exquisito aroma proveniente de la salsa, y de los condimentos puestos en pequeños recipientes de cerámica para su uso inmediato. ¿Y qué delicia tendremos hoy? Preguntó cándidamente Melixa mientras con su nariz respingada trataba de adivinar los ingredientes de la salsa estirándose muy sexy sobre la cocina. Como respuesta Amadeo le extendió una cartulina amarilla a cada uno, donde había escrito con ampulosas letras rojas una lista de preparaciones sin distinguir entre entradas, plato principal y postre:
AKÂ horneado con patatas cebollas rojas y plátanos
KORASO estofado con Arroz bastami al curry
HETYMARO'O a la pimienta con huevo y zanahoria.
Melocotones con TO’O picado
TYEKUE al limón y ajo
Guiso de PY'A
TUGUY frito a La Riojana
Los invitados se miraron y repitieron en voz alta las palabras desconocidas del “menú” y miraron a Amadeo con gesto interrogatorio. “Ah, ese es mi secreto” respondió mientras pedía a Mássimo que fuera hasta el bar del living y eligiera un vino para “disfrutar mientras la cena está lista”. Ni bien el tano dejó la cocina en un rápido movimiento se puso detrás de Melixa, simulando buscar algo en la alacena, y tomando su cabeza con ambas manos hizo un giro brusco y le rompió el cuello. Los fuertes ruidos de la obra en construcción taparon el gemido y el crack del cuello al ceder a la torsión. Sostuvo el cuerpo unos instantes y acompaño su caída al suelo dejándolo extendido justo en la puerta.
En el instante en que Mássimo entró y se agachó a revisar a su compañera recibió toda la fuerza del martillo mazo para moler carne marca Tala en su cráneo. Este se hundió y un poco de materia gris salpicó el plástico que cubría el piso, pero aún estaba con vida aunque inconsciente. A Amadeo no le importo que ese cráneo estuviera quebrado porque ya había planeado usar la cabeza de Melixa para su AKÂ horneado con patatas cebollas rojas y plátanos
Desnudó parsimoniosamente a sus víctimas y se deleitó en acariciar y sentir la textura de esas pieles jóvenes que pronto ya yo pertenecerían a esos cuerpos. Mientras los mordisqueaba y olía tuvo una fuerte erección, pero se contuvo de masturbarse en ese momento. Ahora lo más importante era disponer de las piezas necesarias para elaborar esas recetas del menú en rojo que tanto le divirtió por que la tinta roja la preparó con la sangre de la muchacha paraguaya que durante todo esos meses le fue enseñando los nombres de las partes del cuerpo humano, en guaraní, mientras compartían largas noches de sadomasoquismo. Por lo menos su cuerpo desangrado no fue ultrajado ni violentado luego de muerta. Una noche oscura la depositó en el foso que los obreros habían excavado y preparado con hierros para volcar el hormigón elaborado, y lo cubrió con varias carretillas de tosca.
Pero estos dos compañeros de estudio, (compañeros de infortunio ahora) tendrían otra suerte. De un cajón del bajo mesada tomó unas correas especiales con ganchos que se ajustaban a los tobillos. Usando estas correas y un aparejo colgó los cuerpos boca abajo. Colocó unas cubetas rectangulares en el suelo justo debajo de ellos y comenzó la tarea de desangrarlos.
Melixa podía esperar, ya estaba muerta hacía un buen rato, pero Mássimo aún respiraba, con dificultad. Había dejado de sangrar la herida en la cabeza cuando estaba en el suelo, pero ahora goteaba un poco. Comprobó la sensibilidad de su víctima haciendo unos pequeños cortes con el cuchillo para despinar. No hubo reacción. Tomó su cuchillo sabatier y realizó tres cortes transversales profundos dos centímetros arriba de la muñeca cercenando las arterias radial y cubital. El flujo de sangre era intenso y rociaba el piso más allá de las cubetas. Tendría que haber esperado a que estuviera muerto ya que la presión del corazón cuando bombeaba era mayor de la esperada. Ahora era demasiado tarde. Para completar la tarea tomó el cuchillo de pan, con serrucho y efectuó un solo corte de izquierda a derecha justo debajo de la Nuez de Adán seccionando la artería carótida primitiva. Mientras se extinguían los últimos latidos repitió el mismo procedimiento con Melixa, aunque con ella la sangre tardó mucho más tiempo en desagotar y cayó toda dentro de la cubeta de plástico. Esto le resultó más satisfactorio.
Miró su reloj, todavía le quedaban cuatro horas antes de que el trajín de la obra en construcción entrara en pausa nocturna hasta el otro día. Fue hasta una gaveta situada a la izquierda de la puerta de entrada y trajo a la cocina una sierra de carnicero y varias bolsas negras con cremallera usadas por los buzos y buscadores de tesoros bajo el mar. Descolgó el cuerpo de Mássimo y lo extendió boca arriba con los brazos y las piernas a 45 grados. Siguiendo un diagrama bajado de Internet comenzó a descuartizar el cadáver en doce partes: cabeza, cuello, cintura escapular, caja torácica, brazos, antebrazos, manos, cintura pelviana, muslo, piernas, y pies.
Para poder preparar algo del menú separó de Mássimo el corazón (korazo), carnes y músculos varios (to’o) que pasó por la picadora, y el estómago (py’a), mientras se le hacía agua la boca pensando en el estofado, el guiso y el postre con melocotones.
Con Melixa fue un poco más delicado al desprender la cabeza porque deseaba que la presentación del aká fuera sublime y esos tyekue con ajo y limón resultaran ser los mejores chinchulines jamás cocinados. Ni hablar de esas hermosas hetymaro’o que estarían igual de sabrosas con pimienta, como cuando estaban enfundadas en las medias, unas pantorrillas perfectas..
Su mayor satisfacción fue el disponer de tanta cantidad de tuguy para hacerla frita como en La Rioja española, y que a pesar de todo el proceso de fritura no quedara ningún vestigio de tanta sangre sobre el parquet.
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| Lamar Lance |
El despertador sonó, como todos los días, a las 7:45. No tenía ganas de levantarme pero me obligue a hacerlo. y así, casi en automático, encendí la máquina de café, tome una botella de agua de la heladera y me subí a la cinta. Corrí casi una hora y mientras lo hacía me venían imágenes de una pesadilla rarísima que tuve durante la noche.
Me dolía la cabeza pero sentía un bienestar algo extraño, una sensación de liviandad que me ponía de buen humor.
Me duche, tome mi café y salí para la oficina. Compre medialunas para todo el mundo y al llegar pedí que no me pasaran llamados. Deje mis cosas y llame a Carla para contarle.
_Hola, Carlu, ya sé que es temprano pero te tengo que contar…
_ La puta que te pario, más vale que me estés llamando de un hospital y que mínimo te tengan que hacer un enema. Qué pasa?
_Ay, no me mates! No, es que soñé algo rarísimo y te lo quería contar. Lo mate, mate al infeliz hijo de puta, anoche.
_Para, para… me llamas por un sueño? Deja de pensar en ese pelotudo. No te alcanzo con todo lo que te hizo ya?
_Es que lo estuve pensando y no está mal la idea, por algo lo soñé. Fue así:
Me llama por teléfono, siempre llama cuando le pega el arrepentido. Que te amo, que sos la mejor mina que conocí en mi vida, que fui un boludo…bla,bla,bla
Me tiene harta, así que dije que viniera a la noche y hablábamos. Que lo invitaba a cenar.
Llego a las nueve. Lo hice pasar, la comida estaba lista. Le hice su tortilla de papas que tanto le gusta y que tanto odio. Además prepare una carne a las finas hierbas, la ocasión ameritaba mi plato favorito. Abrí un vino y empezamos a charlar. Patético, como siempre. En un momento lo miro y pienso: tengo ante mis ojos un sorete de 100 kilos. Pero parece que lo pensé en voz alta porque me contesto el muy hijo de puta:
_bien que te maris por este sorete de 100 kilos!
Solté una carcajada y dije:
_ No te puedo creer que lo dije, creí que solo lo había pensado!
_ Estas borracha! Dijo y su voz se volvía cada vez más pesada, no podía fijar del todo la mirada. Lo mire, me sonreí y le conteste:
_ Yo estaré borracha pero vos te estás muriendo infeliz hijo de puta! La tortilla tenia veneno para ratas y como sos una rata inmunda te la comiste toda, no dejaste nada.
Se levanto, tambaleando y camino hasta la puerta. Sabía que era verdad porque ya estaba sintiendo los efectos del veneno. Abrió la puerta y se cayó al piso, le sangraba la nariz. Supongo que por el golpe. Lo ayude a subir al auto, lo mire y le dije
_Te dije que no me trates como una boluda porque no lo soy. Pero vos me subestimaste, me cagaste , me robaste, me mentiste en la cara. Y yo no acostumbro a llorar ni sufrir por nadie, yo resuelvo.
Arranco el auto y se fue. Lo seguí y a unas pocas cuadras paro. Cuando me acerque para ver ya estaba muerto. Asique volví a casa, lave los platos y me acosté.
_ No es buenísimo, debería animarme y hacerlo, no?
_Si, justo vos que no matas una hormiga!! Dejate de romper las pelotas y dejame dormir. Llamame a la noche y salimos. Besote.
Me corto.
El resto del día pasó bastante rápido. A las 18 volví a casa, estaba tan cansada.
Cuando llegue, puse la llave en la cerradura y se me cayó el celular. Me agache para levantarlo y la vi, al lado del celular había una mancha de sangre, sobre el parquet.
El amor, ese sentimiento tan volátil. Las finanzas, motivo de preocupación general. La infidelidad, y otros oscuros secretos que hay que mantener bien guardados. El poder, fuente de toda corrupción. Las pequeñas miserias y las grandes perversiones. La necesidad de éxito. El miedo al fracaso. Los miedos, en general. La soledad.